En 2019 muchos daban por hecha la caída de Huawei después de la “sentencia de muerte” que impuso Estados Unidos a la compañía al imponer un veto comercial. Sin embargo, en 2025, la empresa cerró el año con ingresos de 880,900 millones de yuanes y una ganancia neta de 68,000 millones, así comolas cifras más altas en ventas desde 2020, año en el que entró en vigor el veto comercial. Ésta es la historia de cómo una compañía pasó de estar contra la pared a reinventarse desde adentro.
- Lo que no te mata te hace más fuerte
Pocos momentos en la historia reciente de la tecnología fueron tan dramáticos como el de mayo de 2019, cuando el gobierno de Estados Unidos incluyó a Huawei en su lista de entidades restringidas. De un día para otro, la empresa perdió acceso a chips avanzados y a los servicios de Google. Para muchos analistas, era el principio del fin de una de las compañías tecnológicas más grandes del mundo.
Lo que siguió fue, en efecto, muy difícil porque fue una herida que desangró a la compañía lentamente. Según datos de Yahoo Finance,los ingresos de Huawei cayeron un 29% en 2021, arrastrados principalmente por el colapso de su negocio de smartphones. La empresa que alguna vez compitió de tú a tú con Apple y Samsung en el mercado global de teléfonos de gama alta de repente no podía fabricar sus dispositivos más avanzados. Fue el punto más bajo.
Pero Huawei no desapareció. Decidió reinventarse.
- La apuesta por la autosuficiencia
En lugar de buscar una salida diplomática o reducir su operación, Huawei tomó una decisión que definiría su siguiente capítulo: invertir masivamente en desarrollar su propia tecnología. El gasto en investigación y desarrollo (I+D) creció hasta 192,300 millones de yuanes en 2025, representando el 22% de sus ingresos totales, con foco en software, semiconductores y herramientas de manufactura para reducir la dependencia de tecnología estadounidense restringida. De hecho, Huawei es de las empresas que más recursos invierte en I+D, lo cual ha sido clave para “salir viva” del veto comercial.
El resultado más visible de esa apuesta llegó en 2023, cuando Huawei lanzó su serie Mate 60 con un procesador fabricado íntegramente en China, sorprendiendo a analistas y funcionarios del gobierno estadounidense por igual. Era la señal de que la empresa no sólo había sobrevivido, sino que había encontrado el camino para avanzar con sus propios medios.
