Cuando una empresa o persona natural evalúa un crédito, elegir la garantía adecuada puede marcar la diferencia entre una operación ordenada o un proceso complejo en caso de incumplimiento. Tradicionalmente, la hipoteca ha sido la opción más utilizada. Sin embargo, hoy el fideicomiso en garantía viene ganando terreno dentro del mercado financiero local como una alternativa más eficiente y predecible.

Una forma sencilla de entender la diferencia es pensar en el nivel de control para su gestión. Con una hipoteca, el bien sigue estando en manos del deudor y, si algo falla en el cumplimiento de la obligación, su ejecución puede convertirse en un proceso largo y costoso. En cambio, el fideicomiso funciona como una “caja separada”: los activos se colocan desde el inicio en un patrimonio autónomo o independiente, administrado por un tercero, con reglas claras sobre cómo se gestionan y qué ocurre ante un incumplimiento, explica Marco Antonio Puppo, gerente general de Corfid.

“Más que una garantía, el fideicomiso es una estructura que ordena la operación desde el inicio. Define reglas claras y evita la incertidumbre de procesos largos”, añade el ejecutivo.

Esta diferencia no es solo conceptual. En la práctica, indica, el fideicomiso permite una ejecución más rápida y eficiente, ya que no depende de procesos judiciales prolongados. Esto reduce tiempos, costos y riesgos para todas las partes involucradas.

Otro punto clave es la flexibilidad. Mientras la hipoteca se limita principalmente a bienes inmuebles, el fideicomiso permite incluir distintos tipos de activos, como flujos dinerarios, derechos de cobro, bienes muebles, valores mobiliarios, entre otros. Esto resulta especialmente útil en negocios que generan ingresos recurrentes o en proyectos con múltiples fuentes de repago.

Además, cuando participan varios financiadores o prestamistas, el fideicomiso actúa como un “administrador diligente” que ordena la relación entre las partes. Al estar todo definido desde el inicio, se facilita la administración de los activos y se mejora la confianza en la operación.

En términos de gestión del riesgo, la diferencia también es relevante. El fideicomiso permite establecer desde el inicio cómo se administrarán los activos y cómo se ejecutarán las garantías, lo que brinda mayor previsibilidad y puede incluso traducirse en mejores condiciones de financiamiento, sostiene.

Si bien la hipoteca puede seguir siendo utilizada en operaciones simples, el fideicomiso en garantía se consolida como una opción más eficiente en estructuras que requieren mayor control, rapidez y claridad.

En un entorno donde las operaciones financieras son cada vez más sofisticadas, optar por mecanismos que permitan ordenar la operación desde el inicio ya no es solo una ventaja, sino una necesidad. El fideicomiso en garantía responde a esa lógica y se posiciona como una evolución natural frente a esquemas tradicionales, concluye Marco Antonio Puppo.