Ramón García: Eterno aprendiz

Lima. – Conversar con Ramón García, actor con más de 40 años de experiencia es contagiarse de su entusiasmo al contar las historias de sus alumnos, muchos de ellos ahora destacados actores, directores o escenógrafos.

La primera inquietud que surge ¿Cómo formar a un actor?, con una sonrisa Ramón te responde: “El primer paso, es el proceso de desinhibición, una especie de encontrarse a sí mismo, un reconocimiento de su verdadero potencial. Por circunstancias X, a veces nuestros padres, por una sobreprotección nos forman de una manera.

No necesariamente a los 14 o 16 somos definitivamente esa versión. Podemos ser más, podemos tener cosas ocultas, que por una serie de circunstancias en nuestras vidas están aún sumergidas en el subconsciente. A través dinámicas busco que el estudiante descubra que cosas es capaz de hacer. En mi corta trayectoria muchos jóvenes que quieren ser actores, descubren que son excelente escritores, extraordinarios escenógrafos, extraordinarios productores”.

Ayudando a descubrir talentos

“Saca a relucir lo mejor de otras personas cuando des lo mejor de ti” esta frase de Harvey Firestone se ajusta muy bien a Ramón porque cuando lo escuchamos hablar de la historia de algunos de sus alumnos, sin duda piensas que él aporta mucho no solo con técnicas sino con su real preocupación por la persona que tiene en frente.

“Una vez conocí a Carlos, él era comerciante ambulante de más de cuarenta años, él estaba pasando por el local donde yo dictaba clases y cómo era su cumpleaños, decidió regalarse el curso de teatro. Hoy, él es profesor, director, productor, administrador en una escuela de teatro y asistente de producción en las temporadas de óperas. Y empezó su carrera a los 44 años”, comenta Ramón.

Agrega: “Y así hay cientos de ejemplos, hay un chiquito que hacía la limpieza en los talleres de imprenta que hay frente al local en el que dictaba el taller, era bien feíto y me dice: ‘Profesor quiero ser actor, ven le dije y lo lleve frente a un espejo, le digo: ¿Te viste? Sí, entonces tú vas a triunfar con tu talento y tu disciplina, no tienes otra cosa’. Bueno, ya hizo cinco largometrajes, está trabajando en De vuelta al barrio, ha salido en

Asu Mare las dos veces, tiene su propio grupo de teatro y llena las salas con sus obras de teatro infantil. Y cuando empezó no tenía nada.”

Nadie sabe el potencial que posee y el teatro te permite descubrir el verdadero talento que tienes. “En el taller que dicto en Avansys, los estudiantes encontrarán un renacer, hacer cosas que no se atrevían hacer, a través de dinámicas. Al comienzo, va a parecer medio tontito porque retrocederán hasta la etapa infantil, cuando el ser humano no tiene vergüenza. Luego, trasladamos todas esas emociones a nuestra edad y lo transformamos en lo que llamamos actuación”, afirma el actor.

Aguirre su personaje en el Papa Joven

Para algunos actores trabajar en una exitosa serie puede ser motivo de creer que llegaron a la cumbre, pero Ramón lo toma como un regalo: “Agradezco a Dios que me haya hecho tan sonso, porque como soy sonso siempre estoy buscando aprender más cosas. El ir a Roma fue como sacarse la Tinka, aproveché hasta el último segundo”.

“La experiencia de trabajar con Sorrentino fue enriquecedora. Su película La gran belleza, por la que ganó el Oscar por película extranjera, me gustó mucho la fotografía, la elección de la banda sonora, los encuadres que usó, son como pinturas, con mucha influencia de Kurosawa y también de Felini, casi una Dolce Vita moderna”.

“Para mí, el personaje de Aguirre coincide total y absolutamente con mi forma de pensar. Mucho de las experiencias que he vivido las use para mi papel. En la última escena que tengo con Jude Law, es la única en castellano en toda la serie. El personaje que él interpreta está en un conflicto permanente, primero porque es un Papa muy joven, de 45 años.

Y se dice que la sabiduría para los Papas llega a los 60. Pero es un tipo muy inteligente pero muy conflictuado. Y me pregunta: ¿Y usted como esta?, mi personaje le responde: De buen humor. Él responde: Yo siempre he asociado el buen humor con la idiotez. Y yo le digo: Tiene razón pero tanto del buen humor como la de la estupidez, hay una buena energía. El Papa joven no quiere salir para que lo vea el público. Le digo el mundo católico no va a cambiar porque usted no lo vea, pero ni usted ni el Papa anterior va a cambiarlo, pero sí va a servir para algo llamado Esperanza y en ese sentido, si es necesario que usted salga y el público lo vea. Me queda mirando, fue una escena muy bonita. Me gustó mucho porque quien hablaba no era Aguirre, sino Ramón, ¡Los engañe!” termina su historia risueño.

 

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