El sistema de salud en el Perú se encuentra desatendido. La Red de Estudios para el Desarrollo (REDES) ha identificado que más de 8,800 establecimientos de salud del primer nivel de atención presentan deficiencias en equipamiento, infraestructura y personal. Esto equivale al 95.9% del total de postas médicas y centros de salud, que deberían ser la primera puerta de acceso a la atención temprana y cercana para la población.
Justamente, los establecimientos del primer nivel de atención están diseñados para atender necesidades comunes y cotidianas: una fiebre, una vacunación, el control de una enfermedad crónica o acciones de prevención y diagnóstico temprano. Su rol es ser accesibles, rápidos y preventivos. Sin embargo, cuando fallan –porque faltan medicamentos, personal o incluso cierran temprano–, las personas se quedan sin atención hasta que ya es demasiado tarde.
“Casi todos los centros de salud están en condiciones inadecuadas, dejando a la población desprotegida. Incluso en las regiones con los mejores resultados, como Cusco o Ayacucho, más del 88% presenta deficiencias. Esto refleja que la experiencia de la pandemia no ha servido para impulsar los cambios necesarios. Cuando una posta médica no puede atender, los pacientes terminan buscando ayuda en hospitales, generando congestión por problemas que pudieron resolverse de inmediato y dificultando que los hospitales se concentren en dolencias más complejas”, advirtió Franco Saito, economista de REDES.
La situación es aún más crítica en regiones como Pasco, Tumbes, Madre de Dios o Ica, donde apenas uno o dos establecimientos cumplen con la capacidad mínima adecuada. Para Saito, esta realidad no solo supone un problema médico, sino también económico: “Muchas veces las personas pierden un día de trabajo o ventas por atender su salud o la de un familiar. Estas dificultades generan gastos adicionales en transporte, medicamentos o consultas, y al mismo tiempo reduce la productividad y competitividad de las regiones”, afirmó.
Año tras año se anuncian nuevas postas médicas y centros de salud para llegar a más peruanos, pero muchos proyectos empiezan mal, con estudios incompletos, expedientes mal hechos o diseños con errores. En el camino los problemas solo aumentan, aparecen cambios improvisados, falta de documentos y poca supervisión. El resultado es siempre el mismo: obras paralizadas, sobrecostos y hospitales que nunca se terminan.
A esto se suma la baja capacidad de inversión en el sector. Hasta agosto de este año, los gobiernos regionales apenas habían ejecutado el 53% de su presupuesto en salud y los gobiernos locales no llegaron ni al 38%. Pasco es el caso más crítico, con solo un 24% de inversión, mientras las necesidades de la población siguen creciendo.
“Invertir en salud es clave para garantizar acceso universal y sostenible a los servicios que la población necesita. Esto implica aumentar el gasto público, usar los recursos de manera eficiente y complementar con la participación del sector privado en obras y proyectos. De esta manera, se fortalece el sistema de salud y se mejora la atención que reciben todas las personas”, sostuvo el economista.
Finalmente, subrayó que la salud no solo es un derecho básico, también es una inversión clave para el desarrollo del país. “Está demostrado que poblaciones más sanas generan mayor productividad, crecimiento económico y bienestar social. Por eso, destinar al menos el 6% del PBI a salud –como sugiere la Organización Panamericana de Salud– no debe verse como un gasto, sino como la clave para reducir desigualdades y construir un futuro más justo y sostenible”, concluyó.
