Después de 26 años al frente de la galería del Centro Cultural PUCP, Ana Osorio decide apartarse de esa labor para dedicarse a la gestión cultural de manera independiente y a la pintura en particular, siendo ésta última una dedicación que siempre ha sido una constante a lo largo de su carrera profesional.

El próximo 3 de marzo, luego de un año de intenso trabajo Ana Osorio  presenta en la sala 770 y Josefina Cox de Larco del Centro Cultural Ricardo Palma en Miraflores la exposición Equilibrio inestable, bajo la curaduría de Jorge Villacorta.

  • Sobre la exposición:

En esta nueva serie de obras de mediano y gran formato, Ana Osorio, retoma dentro del informalismo abstracto lo que ha sido una constante en su trayectoria: “mirar hacia adentro”. Sin embargo, en esta nueva etapa esa introspección no se plantea únicamente como contemplación psicológica o emocional, sino como una observación del cuerpo entendido como sistema vivo, decide aventurarse en la dimensión del mundo orgánico como punto de partida conceptual, haciendo una analogía entre los procesos puramente biológicos y nuestros propios procesos internos emocionales y existenciales, traduciendo a la pintura su lógica de funcionamiento a través de la materia.

En este contexto, su pintura deja de ser representación para convertirse en traducción. La superficie actúa como una piel que respira, se tensa y se agrieta; cada capa de color es un estrato de experiencia y cada fisura revela una presión interna. Sin recurrir a la figuración del cuerpo, la materia pictórica asume la lógica de lo biológico, se conciben como organismos celulares: campos de energía en transformación constante, en ellas coexisten zonas de silencio y zonas de alta densidad, espacios de contención y explosiones matéricas, en una dinámica constante que genera la vida. Los craquelados, la superposición de capas, las zonas de acumulación de color, junto con las áreas erosionadas no son meros efectos formales, sino las manifestaciones de la estructura que sostiene la vida.

Esta exposición propone una reflexión sobre la condición de estar vivos. La artista sugiere que somos sistemas complejos atravesados por fuerzas invisibles, por equilibrios inestables, por ciclos de expansión y contracción. La pintura se convierte en el espacio donde estos procesos encuentran una forma visible. No se trata de representar la vida, sino de permitir que la obra funcione como vida: como un territorio donde algo sucede constantemente.

“La magnificación no tiene que plantear el todo visualmente, pero debe sugerir lo inabarcable que es lo inconmensurablemente pequeño, sin intentar completarlo o hacerlo comprensible. El logro está en sensibilizar la mirada del observador que se aproxima por vez primera y se confronta con la propuesta en estas pinturas.” Sostiene Jorge Villacorta