La mesa de un restaurante puede ser tan exigente como las tablas de un teatro. Bajo esta premisa, se dio un encuentro que buscó profundizar en esa conexión técnica y emocional que une al arte escénico con la cocina. El escenario fue la sede de La Cabrera en Perú, el reconocido restaurante argentino que ha consolidado su prestigio global con más de 30 locales y presencia en América, Europa y Asia. Allí, la «puesta en escena» fue el punto de encuentro para entender que tanto el actor como el parrillero trabajan con un solo norte: generar una reacción honesta en el público.
En esta reunión se invitó a dos parejas de artistas cuya historia ha trascendido los escenarios: Andrea Llamosas y Franco Silva, junto a María del Carmen Sirvas y el dramaturgo Esteban Phillips. Ellos conversaron sobre cómo la interpretación exige una preparación consciente que no admite descuidos. Llamosas, quien destaca actualmente en el cine con la película De vuelta a los 80s, y Silva, reconocido por su trabajo en Pituca sin Lucas y producciones internacionales, compartieron sus impresiones sobre el rigor del oficio. Para Andrea, la experiencia en La Cabrera fue una sorpresa grata: «No soy tanto de comer carne, pero me ha encantado; desde la entrada hasta los postres de la casa, todo ha sido increíble», comentó.
El fuego de la parrilla guarda una relación estrecha con el ensayo teatral. Así como una actriz se prepara para cautivar al espectador, el equipo de cocina de La Cabrera se apoya en la técnica y la calidad del insumo para emocionar al comensal. María del Carmen Sirvas, recordada por historias como Nuestra Historia y El último bastión, destacó junto a Esteban Phillips la importancia de poner el corazón en lo que se hace: «Se siente y se percibe cuando alguien hace algo con amor; aquí, en cada detalle del servicio y el plato, hay cuidado y respeto por el oficio», señaló María del Carmen.
Por su parte, Phillips, actor en La pasión de Javier y director de montajes teatrales, describió el encuentro como una experiencia sensorial profunda donde la creatividad e ingenio se sienten en el sabor. Esta visión compartida refuerza la idea de que la buena mesa no es solo consumo, sino una experiencia donde el detalle y el respeto por el insumo definen el resultado. Al ser profesionales que han construido su carrera en el cine y las tablas, el diálogo fluyó de forma natural hacia la cocina de La Cabrera como una disciplina artística en constante ejecución, donde la técnica está siempre al servicio de la emoción.
Finalmente, este encuentro en La Cabrera permitió a los artistas coincidir en que el arte y la gastronomía, cuando se basan en la honestidad del trabajo bien hecho, logran conectar con las personas de una manera real y duradera.
