Manejar los gastos en pareja suele ser una de las primeras pruebas de convivencia. Algunas personas optan por dividir todo en partes iguales, otras asumen gastos según ingresos, y no faltan quienes simplemente resuelven sobre la marcha. En la mayoría de los casos, las decisiones se toman con buena intención, pero sin una planificación clara que permita sostener ese esquema en el tiempo.
Estas dinámicas se vuelven más visibles en fechas puntuales del calendario, cuando el gasto emocional gana terreno sobre el financiero. San Valentín es uno de esos momentos en los que muchas parejas hacen una pausa en el control del presupuesto para priorizar regalos, salidas o experiencias compartidas.
Según un estudio de Global Research Marketing (GRM), se estima que las personas gastarán entre S/ 200 y S/ 500 solo en regalos por el Día de San Valentín. Aunque se trata de un gasto puntual, este tipo de desembolsos suele reflejar cómo las parejas enfrentan los asuntos sobre dinero y prioridades financieras.
Para Maurice Prevost, managing director de Equifax – Infocorp, el principal factor detrás de una buena salud financiera conjunta es la capacidad de hablar abiertamente.
“Cuando una pareja quiere dar pasos importantes, como comprar un auto, acceder a una vivienda o iniciar un negocio, el orden financiero y el historial crediticio se vuelven un activo clave. No se trata de restringir gastos, sino de organizarlos. Las celebraciones y los gustos personales pueden darse sin problema cuando existe planificación y la confianza para hablar de estos temas que suelen ser incómodos, pero necesarios”, menciona.
A partir de esa falta de planificación, suelen repetirse ciertos errores que, con el tiempo, generan fricción y presión financiera:
- Mezclar todo sin definir responsabilidades
Un error común es unificar ingresos y gastos sin establecer reglas claras. Cuando no se define qué gastos son compartidos y cuáles personales, aparecen reclamos implícitos, desorden en el presupuesto y dificultad para evaluar si el esquema realmente funciona para ambos. La ausencia de acuerdos también impide medir el impacto real de los gastos, como celebraciones o compras impulsivas, que terminan afectando el equilibrio mensual.
- Asumir compromisos financieros sin evaluar el impacto
En muchas parejas, uno de los miembros asume pagos o deudas pensando que será algo temporal. Sin embargo, estas decisiones suelen extenderse más de lo previsto y reducen la capacidad financiera para otros objetivos. Cuando los compromisos se acumulan sin una evaluación previa, el margen de error se acorta y cualquier imprevisto puede desestabilizar la economía del hogar.
- Concentrar las obligaciones en una sola persona
En esta situación, se pierde visibilidad sobre la situación real del hogar y se incrementa la vulnerabilidad ante cambios en los ingresos o aumentos inesperados de gasto. Además, este esquema suele trasladar todo el riesgo financiero a un solo perfil, lo que puede afectar su historial financiero si se acumulan obligaciones o se presentan retrasos, limitando la capacidad de la pareja para acceder a nuevas alternativas de financiamiento en el futuro.
- Confundir confianza con falta de control
La confianza es clave en una relación, pero trasladarla sin límites al manejo del dinero suele generar desorden. Establecer presupuestos, topes de gasto y reglas claras no debilita el vínculo, sino que lo protege frente a conflictos innecesarios.
Las finanzas se construyen en las decisiones cotidianas y en la disposición a ordenar. Darse el tiempo para organizar el dinero no solo reduce tensiones, sino que permite que la pareja avance con mayor claridad hacia sus metas comunes.
