La ciencia, cuyos cimientos fueron establecidos por Galileo en la Italia de 1600, se define como la rama del saber humano constituida por conocimientos objetivos y verificables obtenidos mediante observación y experimentación.  Sin embargo, en un mundo cada vez más polarizado y saturado de información, la desinformación se ha vuelto ubicua, especialmente en temas cruciales como la salud y lo que para muchos, parece ser una evidencia contrastada, para otros, puede ser el comienzo de la creación de teorías paralelas o la post-verdad.

Según una encuesta realizada en 2022 por Statista, peruanos y mexicanos, solo por detrás de Filipinas, fueron los que más consumieron noticias falsas o engañosas con una penetración del 87%, frente a la cifra que destaca La Universidad Europea del 40% de españoles que dice no identificar información distorsionada o falsa, subrayando la urgencia de fomentar la capacidad de discernir entre la ciencia legítima y las afirmaciones infundadas.

¿Existe una demanda de información científica?

Aunque la percepción común es que la ciencia no interesa, sólo en Estados Unidos los canales de ciencia superan los 12 millones de suscriptores. Esto sugiere un apetito real por la ciencia cuando se presenta de manera atractiva. Dato que fue ampliamente confirmado durante la pandemia, que llevó a un aumento del 180% en la actividad online de los menores y según la encuesta de 3M, El Estado de la Ciencia en el mundo, esta crisis mundial hizo que en 2021 el 75% de los mexicanos viese a científicos y médicos como inspiración para futuras generaciones.

El equipo de Healthcare de LLYC considera que la respuesta es contundente: la ciencia interesa, aunque dependiendo del formato y cuánto o cómo de cerca impacten los beneficios de la innovación o avances médicos que se comuniquen. 

El rol de científicos, periodistas y divulgadores 

Los científicos, por un lado, asumen un papel esencial en la difusión de la ciencia, ya que son los máximos expertos en su especialidad, lo que les confiere credibilidad, conocimiento y autoridad. Sin embargo, como explican los autores de la Guía de Actuación para la Divulgación de la Ciencia, de la Universidad complutense de Madrid, los hay con una gran habilidad divulgadora, pero en muchos casos el reto les resulta complicado. Uno de sus problemas es encontrar el tono y el nivel adecuados.

Los periodistas, en segundo lugar, siguen siendo actores relevantes en la divulgación científica dado que como cuenta André Biernath, periodista de Veja Saude: “el objetivo del periodismo científico es mostrar al lector cómo la información científica es importante para su vida”, pero las redacciones en América Latina cada vez reducen más sus plantillas y para que exista este periodismo de calidad, la solución pasa por pagar, igual que lo hacen los usuarios de  Netflix o Amazon Prime.  

En tercer lugar, el rol de los divulgadores, ya sean profesionales o aficionados, llena un espacio crucial al llevar el conocimiento científico fuera de los medios de comunicación. Su enfoque más didáctico contribuye a la comprensión general de la ciencia y aunque no sea su labor profesional, deberían tener la responsabilidad de cultivar el pensamiento crítico y contar con fuentes confiables.

Soluciones integrales que involucren a toda la sociedad

De la misma manera en que nos mantenemos informados sobre política o economía, pocos aspectos pueden tener un impacto tan significativo en nuestras vidas como los avances científicos. Aunque es comprensible que no todos los ciudadanos se sientan motivados a leer, por ejemplo, los avances científicos detallados que presenta una revista como ‘Science’, es crucial esforzarnos colectivamente por priorizar el interés en la ciencia.

En este sentido, la implementación de soluciones efectivas para abordar los desafíos en la divulgación científica requiere una estrategia integral impulsando, por un lado, la formación de los científicos en habilidades comunicativas, alentándolos a compartir activamente sus descubrimientos de manera accesible para el público. 

Estableciendo canales de comunicación efectivos y fomentando una colaboración continua así como nuevas formas de financiación independiente para mejorar la calidad del periodismo científico, además construir programas educativos que destaquen la naturaleza dinámica de la información científica y cultiven la reflexión. Finalmente, para garantizar una toma de decisiones informada, se debe impulsar la presencia de profesionales en ciencia y tecnología en equipos políticos, asegurando que las políticas estén respaldadas por evidencia científica sólida.