El Perú se encuentra en un punto crítico en su batalla contra la inseguridad alimentaria, una situación alarmante que cobra mayor relevancia en el marco del Día Mundial de la Alimentación de este año, que se conmemora cada 16 de octubre.

A pesar de su impresionante diversidad alimentaria, el país sufre la mayor prevalencia de este problema, lo que plantea interrogantes inquietantes sobre la salud y el bienestar de sus ciudadanos.

Según el informe de 2022 de la Organización de las Naciones Unidas, 16.6 millones de peruanos padecen de inseguridad alimentaria, lo que ubica a Perú como el país con mayor inseguridad alimentaria en Sudamérica.

Un estudio del Instituto de Estudios Peruanos revela que cinco de cada diez personas se han privado de consumir alimentos alguna vez. Además, el consumo insuficiente de alimentos saludables ha generado un bajo cumplimiento de las recomendaciones para una dieta saludable, lo que repercute negativamente en la salud y nutrición de la población.

Los datos presentados por el Instituto Nacional de Estadística e Informática también son alarmantes, ya que indican que cuatro de cada diez niños peruanos de entre 6 a 35 meses padecen de anemia.

De igual forma, el Ministerio de Salud informa que siete de cada diez adultos peruanos tienen sobrepeso y obesidad.

La Dra. Katherine Curi Quinto, docente e investigadora de la Carrera de Nutrición y Dietética de la USIL, señala que abordar la inseguridad alimentaria requiere un enfoque integral y coordinado que responda al análisis de sus distintas causas.

Basándose en su estudio “Sustentabilidad de las dietas en México”, Curi Quinto destaca la necesidad de comprender la interrelación entre la calidad de la dieta, su costo y su impacto en el medioambiente.

El informe sobre dietas saludables procedentes de sistemas alimentarios sostenibles de la Comisión EAT-Lancet advierte que la producción de alimentos es responsable del elevado consumo de agua (70 %), la emisión de gases de efecto invernadero (29 %) y la pérdida de biodiversidad (60 %).

Además, la adopción de patrones modernos de consumo de alimentos de baja calidad nutricional se ha asociado con el aumento de problemas de malnutrición y enfermedades crónicas no trasmisibles, así como con un aumento en la presión sobre los recursos naturales.

Por ello, la investigadora de la USIL señala que desde el área de la salud y nutrición es necesario promover el consumo no solo de dietas saludables, sino también sostenibles, cuya producción optimice el uso de los recursos naturales y no se amenace el abastecimiento de alimentos para satisfacer las necesidades alimentarias actuales y futuras.

Esto requiere un cambio de paradigma en los profesionales de la salud, reconociendo la relación intrínseca entre la producción, la agricultura y la nutrición de las personas, agregó Curi Quinto.

Como parte de esta propuesta de cambio, la especialista planteó la adopción de una metodología para replantear las guías alimentarias, considerando no solo la salud humana, sino también los límites ambientales.

Estas nuevas guías podrán ser utilizadas como documento de educación alimentaria y de planificación, por ejemplo, para el diseño de canastas alimentarias, cálculo del costo de una dieta sostenible, entre otros aspectos.

Otra de sus propuestas hace hincapié en la necesidad de focalizar las intervenciones para maximizar el uso eficiente de los recursos, considerando las disparidades nutricionales y analizando detenidamente las prácticas de producción y consumo de alimentos locales y tradicionales, que han demostrado ser más sostenibles que los modelos actuales.

Sin duda, el cambio de paradigma abre nuevas oportunidades, pero también retos en el campo de la alimentación y nutrición, subraya la docente. “Estos cambios abren nuevas líneas de investigación, como el estudio del impacto de los suelos en la composición de los alimentos, así como la búsqueda de opciones de alimentos y dietas saludables con menor impacto ambiental”.

En este aspecto, Lorena Saavedra García, directora de la carrera de Nutrición y Dietética de la USIL, informó que la universidad se destaca por ofrecer una malla integrada con cinco menciones: Nutrición Clínica, Nutrición Pública, Nutrición Deportiva, Gestión Integral de la Sostenibilidad y Nutrición Funcional e Integrativa

En cuanto a la mención en Gestión Integrada de la Sostenibilidad, explicó que esta complementa la formación profesional de los alumnos, brindando conocimientos, habilidades y herramientas aplicativas para desenvolverse en la vida laboral y personal con una visión de sostenibilidad y responsabilidad social.

“Buscamos que nuestros alumnos tomen decisiones profesionales o personales teniendo en cuenta los impactos sociales, ambientales y económicos que pueden generar en la sociedad que los rodea”, subrayó la directora Saavedra.