El acné es una afección cutánea crónica que causa la formación de barros o granos por distintos factores, ya sea genéticos o externos, y se consolida como el motivo más frecuente de consultas dermatológicas, afectando a una de cada diez personas en el mundo.

“El gran problema de esta enfermedad, es que se trata de una afección crónica. Muchos de los pacientes recaen una y otra vez y esto afecta sobremanera en su calidad de vida. Uno de cada cinco de ellos genera cicatrices, que, en muchos casos, también pueden ser emocionales”, mencionó la Doctora Mónica Noguera, médica dermatóloga e internista de nacionalidad argentina, coordinadora de la sección de Acné en el Hospital Universitario CEMIC de Buenos Aires y miembro titular de la Sociedad Argentina de Dermatología, que formó parte del panel de expositores del Primer Summit de Skincare & Health organizado por L’Oréal Dermatological Beauty, llevado a cabo en Lima y que congregó a más de 400 médicos dermatólogos de 18 nacionalidades.

Dentro de las anotaciones dadas durante su exposición, la doctora Noguera, recomendó abordar a cada paciente de manera personalizada, ya que ningún paciente es igual a otro. “El 80% del riesgo de tener acné depende de variantes genéticas. Recordemos que muchas veces la afección no viene sola, sino que puede portar genes de susceptibilidad a distintas enfermedades psiquiátricas, inflamación intestinal, trastornos hormonales, metabólicos, entre otros. Asimismo, hoy se cuenta con evidencia acerca de los factores epigenéticos y cómo éstos pueden producir cambios en el ADN, lo que vuelve al acné más resistente. Está en nosotros como profesionales de la salud el evitar o limitar estos factores”, comenta.

En ese sentido, resaltó además la importancia del microbioma, la flora bacteriana normal de la piel, ya que no sólo debemos tener en cuenta el impacto de éste en la generación del acné, sino en cómo impacta el microbioma en los tratamientos y viceversa.

Al respecto, comentó cómo, desde el punto de vista médico, se puede dar cuidado al microbioma, haciendo mención a la importancia de la incorporación de una rutina con dermocosméticos, además de evitar o restringir el uso de antibióticos y la priorización de alternativas eficaces como el uso de la isotretinoína.

“Una rutina de cuidados, con dermocosméticos, es fundamental como parte integral del tratamiento, desde pacientes con acné leve, pasando por moderados y hasta severos. Los dermocosméticos nos ayudan a restaurar y mantener, en forma sana, la barrera cutánea y el microbioma que están íntimamente relacionados. Todo esto siempre bajo la supervisión de un profesional de la salud”, agrega.

Adicionalmente, es recomendable mantener una limpieza facial adecuada, pero igualmente importante es no perturbar el equilibrio natural del microbioma cutáneo. Usar limpiadores suaves y evitar productos que contengan alcohol puede ayudar a mantener una piel sana. Dentro de las tendencias más recientes, pero todavía con poca evidencia para el tratamiento del acné, se encuentran el uso de probióticos y prebióticos aplicados en la piel, que, en algunos casos, ya se encuentran disponibles también en dermocosméticos, así como la implicancia de la alimentación.