Niños y adolescentes ansiosos y deprimidos: ¿Qué hacer?

Cada vez es más común la detección de trastornos psicológicos en niños y adolescentes, quienes se han visto expuestos a la soledad, la frustración y el estrés durante el confinamiento. Detectar dichos cuadros e intervenir a tiempo puede marcar la diferencia en el futuro de nuestros hijos y en el desarrollo de sus habilidades para relacionarse, con ellos mismos y con quienes los rodean. 

En los últimos meses, la salud mental de los niños y adolescentes se ha visto afectada por trastornos como la ansiedad y la depresión. La psicóloga experta Rachel Watson nos explica que la ansiedad tiene como base el miedo, una reacción inmediata del cuerpo ante un peligro real o imaginario. ¿Cómo se manifiesta la ansiedad en nuestros hijos? Con inquietud, preocupación, nerviosismo, dificultad para conciliar el sueño, tensión y miedo por la posibilidad de que ocurra algo malo.  

Tras la llegada de la pandemia, los adolescentes han sido los más afectados. Watson detalla que ellos son quienes han perdido un espacio muy significativo en la vida con relación a su desarrollo interpersonal: el espacio con los amigos. Si a ello le sumamos la pérdida de un ser querido, que muchos jóvenes enfrentan actualmente, el escenario se vuelve más desolador. Como padres debemos entender que la tristeza es una emoción natural cuando hemos perdido algo significativo, por lo que debemos acompañar a nuestros hijos y permitirles transitar por ese sentimiento sin culpa.  

Sin embargo, si observamos en nuestros hijos mucho desgano, desmotivación, pérdida de interés en las actividades que antes disfrutaba, irritabilidad, y cambios en sus patrones de alimentación o sueño, hay que estar alertas ya que podría tratarse de una depresión. 

Los niños y adolescentes pueden aprender a utilizar técnicas para disminuir las sensaciones provocadas por la ansiedad y la depresión. Por ejemplo, se les puede enseñar técnicas de respiración, de relajación, de meditación y ejercicios de conciencia plena para niños. Además, la buena alimentación, el descanso adecuado y la actividad física, contribuirán con su bienestar físico y emocional.  

¿Y qué podemos hacer los padres? No asustarnos y mantener la calma, no subestimar su preocupación o su tristeza y orientar nuestras soluciones a qué podemos hacer para enfrentar lo que está ocurriendo y ayudar a nuestros hijos; como buscar ayuda en un psicólogo que analice qué le puede estar pasando y nos brinde el apoyo que se pueda necesitar. 

El apoyo docente 

Recibir la noticia de que nuestro hijo muestra síntomas de una posible depresión o ansiedad no es fácil para ningún padre. Y si bien el diagnóstico debe realizarse por parte de un equipo de profesionales, el apoyo docente para identificar las alertas es fundamental. La docente de Innova Schools, Yahaira Gonzáles, recomienda que se construya una relación amical, sincera y solidaria entre padres y maestros, ya que toda la comunidad educativa debe estar vinculada. “Como agentes de cambio debemos analizar la situación y relacionarnos más a fondo, porque si nos mantenemos comunicados podemos abordar cualquier situación de riesgo o peligro a tiempo”, detalló.  

¿Y cómo pueden los maestros identificar estos escenarios de riesgo? Primero se debe evaluar bien a los estudiantes, manejando una rúbrica de conductas elaborada en colaboración con especialistas psicólogos. Al mismo tiempo, es recomendable conversar con los tutores que han tenido anteriormente los alumnos, porque es necesario que cada docente conozca la realidad de cada uno de sus estudiantes; esto no solo le facilitará generar un buen vínculo, sino también una buena clase y aprendizaje. Una vez reconocidas estas posibles alertas de peligro, Gonzáles sugiere: 

  • Reuniones semanales: organizar llamadas e iniciar una conversación amena con los padres que no se enfoquen en la parte académica sino en cómo se sienten los niños y adolescentes en las aulas. 
  • Ser muy sutiles: abordar los problemas con más madurez, invitando a nuestros y nuestras psicólogas, al momento de dar a conocer alguna sospecha de un problema que está afrontando su hijo.  
  • Interactuar con los padres: muchos de ellos por su estilo de vida no se detienen a autoanalizar sus propias conductas. Se les debe invitar a realizar una introspección y así puedan descubrir cuánto conocen a sus hijos.   

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