Automóviles eléctricos representarán más de la mitad de los vehículos ligeros vendidos en el 2026

Lima.- Para el 2026, los autos eléctricos representarán más de la mitad de los vehículos ligeros vendidos a nivel mundial, según el reporte Why Electric Cars Can’t Come Fast Enough del Boston Consulting Group (BCG). Esta transición se está dando de manera acelerada, superando las proyecciones realizadas un año atrás.

“Se prevé que los vehículos de cero emisiones (VCE) reemplazarán a los que poseen un motor de combustión interna como la fuerza dominante de ventas poco después del 2035. La transición hacia la era del VCE, durante la próxima década, traerá grandes cambios en la mayoría de los países, pero desde un punto de vista medioambiental esta nueva era no está llegando lo suficientemente rápido”, señala Joaquín Valle del Olmo, Managing Director and Partner de BCG.

La lucha contra el cambio climático exige una transición acelerada hacia los VCE en los mercados a nivel mundial. Esto se puede conseguir agilizando la adopción de vehículos de cero emisiones, mientras se fortalecen los incentivos para remover el gas y diésel de las autopistas.

Como parte del European Green Deal, la Unión Europea (UE) se ha propuesto reducir a cero las emisiones automotrices al 2050. En los Estados Unidos, el presidente Joe Biden ha dispuesto un fuerte enfoque en emisiones de escape más estrictas y se han reincorporado al Acuerdo de París.

Estas fuertes señales de los gobiernos han animado a General Motors, Volvo, Jaguar y muchos otros fabricantes de la industria automotriz a empujar con mayor fuerza hacia la electrificación. El aumento de inversión en las cadenas de suministros e infraestructura de recarga también ayudará a cumplir estas metas.

Los tres pasos hacia la electrificación

Se espera que el 47% de los vehículos ligeros que se vendan en 2025 sean totalmente eléctricos o híbridos. Esta evolución ocurrirá más rápido en la UE y China, y será relativamente lenta en naciones en desarrollo como Brasil e India. Pero sin importar el mercado, el inicio de la era del VCE es inevitable y se llevará a cabo en tres fases:

  1. Incentivos y primeros adoptantes. La regulación y los incentivos gubernamentales impulsarán la adopción de vehículos eléctricos durante los primeros años. Para el 2023, se espera que los fabricantes de equipos originales brinden más de 300 baterías eléctricas y modelos híbridos enchufables al



    mercado, por lo que los consumidores contarán con una mayor variedad de la que tienen actualmente.
  • Costo de propiedad impulsado por la electrificación. Para el 2030, los conductores se transferirán a los autos eléctricos de manera masiva. La ventaja en costos estará clara, a través de las distintas regiones y segmentos. Asimismo, las primeras prohibiciones significativas a vehículos que empleen la quema de combustibles fósiles se darán durante este período.
  • Electrificación impulsada por suministro. La cuota global de vehículos de batería eléctrica subirá a 45% en el 2035; alcanzando el 54% en los Estados Unidos, el 58% en China y el 62% en la UE. Para este punto, los eventuales actores dominantes en movilidad eléctrica ya estarán largamente determinados. Cada enlace a lo largo de la cadena de valor automotriz habrá sido remodelado.

A las regulaciones y ambiciosos planes de los fabricantes de automóviles, se les deben sumar otros elementos para acelerar la transición hacia los vehículos de cero emisiones. La investigación del BCG demuestra que la inadecuada infraestructura de recarga permanece como un elemento disuasivo para algunos consumidores.

“Se estima que se requerirán 100 millones de puestos adicionales de carga a nivel mundial en la próxima década, para mantener el ritmo con la producción de vehículos de cero emisiones”, precisa Valle del Olmo.

Para conseguir el objetivo de mitigar el cambio climático, los responsables políticos y el sector automovilístico no solo deben acelerar la penetración en el mercado de los VCE. También deben moverse más rápido para retirar de circulación a los vehículos que emplean gasolina y diésel. Las apuestas no podrían estar más altas, no solo para los fabricantes de autos, sino para el planeta en sí mismo.

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