Reducir el riesgo cuando nos exponemos a sustancias cancerígenas

A raíz de la pandemia por coronavirus, se han intensificado las voces que llaman la atención sobre los cambios en el estilo de vida y la reducción de daños. Lo más probable es que muchas personas ya hayan hecho compromisos, similares a los que hacemos en Año Nuevo, sobre lo que harán de manera diferente y lo que dejarán de lado una vez el mundo regrese a su estado pre pandémico.

No todos iremos en bicicleta al trabajo para reducir nuestro impacto en el medio ambiente, pero sí podremos emprender pequeñas acciones que representen un efecto positivo en nuestra calidad de vida. Este podría ser el caso si eliminamos, tan pronto como sea posible, algunas actividades o productos que involucran la combustión de materias orgánicas.

La mayoría de nosotros no tienen idea de los peligros a los que nos exponemos con una actividad tan popular como asar alimentos a la parrilla. “No nos referimos a cortarnos las manos al porcionar la carne o tocar la plancha cuando está caliente, sino al momento en que la grasa, el jugo o posiblemente, el aceite está sobre la brasa y forma hidrocarburos aromáticos policíclicos que se elevan en el humo y se depositan en la comida. La ingesta de grandes cantidades de tales hidrocarburos aumenta el riesgo de desarrollar lesiones intestinales y enfermedades respiratorias que conducen al cáncer” escribió Lao Jia-jung, investigador de la Universidad de Qian, quien publicó su estudio en el Journal of Environmental Science & Technology de la American Chemical Society.

Por supuesto, asar a la parrilla no es la única actividad en donde la combustión y el humo pueden ser un problema. Otra de esas actividades es fumar.

La mejor solución seguirá siendo que los fumadores dejen los cigarrillos lo antes posible y aún más, cuando sabemos que los no fumadores también se ven gravemente afectados por los peligros del humo ajeno. Cuando se enciende un cigarrillo, se producen más de siete mil sustancias químicas en el humo, muchas de las cuales ingresan a nuestros cuerpos. Algunas de estas sustancias fueron clasificadas oficialmente por la Administración de Medicamentos y Alimentos de los Estados Unidos (FDA) como dañinas o potencialmente dañinas.

Sin embargo, los avances tecnológicos han puesto a disposición varias alternativas para quienes, por alguna razón, no dejan de fumar cigarrillos. Existen, por ejemplo, cigarrillos electrónicos o dispositivos de calentamiento del tabaco, así como tecnologías basadas en el principio de reacción química. Una característica común de estas nuevas tecnologías es que funcionan sin involucrar la combustión o la quema, por lo que pueden ser una alternativa libre de humo para fumadores adultos que no pueden o no quieren dejar de fumar.

También existen grandes diferencias dentro de las tecnologías que funcionan con un principio similar. Ejemplos de categorías libres de humo incluyen cigarrillos electrónicos, sal de nicotina o sistemas de calentamiento de tabaco. Los dos primeros producen un vapor al usar un líquido que contiene nicotina o sal de nicotina en lugar de tabaco, mientras que los sistemas de calentamiento del tabaco, como su nombre lo indica, calientan el tabaco a una temperatura suficiente para liberar el vapor de nicotina y tabaco, pero sin quemarlo. Según un comunicado emitido por la Autoridad de Salud Pública Británica, «los dispositivos que contienen nicotina que son potencialmente menos dañinos para la salud, como alternativa al tabaquismo, pueden seguir desempeñando un papel clave en la reducción de los efectos sobre la salud».

Sin embargo, sigue siendo válido aclarar que, por el bien de nosotros mismos y de nuestro medio ambiente, la mejor solución es no acostumbrarnos en absoluto a los cigarrillos, o si lo hemos hecho, dejar de fumar lo antes posible. Todas estas alternativas libres de humo contienen nicotina, y los efectos nocivos de la nicotina no deben subestimarse, ya que es la responsable del desarrollo de la adicción y, por ejemplo, aumenta la presión arterial. Por supuesto, la forma más eficaz de reducir el daño sigue siendo abstenerse de consumir productos que contienen nicotina y tabaco. No obstante, el principal riesgo para la salud del tabaquismo es el humo generado durante la combustión.

Con un estilo de vida libre de humo podemos dar un paso esencial hacia un estilo de vida menos dañino y ese podría ser un cambio importante.

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