La eternidad es un instante

Lima.- La nueva muestra individual de la artista, fotógrafa y modelo profesional, Teresa Bracamonte usa la fotografía y la pintura como medios de expresión.
Este inédito trabajo refleja de una manera contemplativa y poética lo efímero y el tiempo. Nada es permanente. El esplendor, el éxito, incluso el amor y los vínculos más profundos, pueden variar y desaparecer de un instante al otro.
La eternidad es un instante, se realizará en el Art Gallery del BTH, desde el jueves 18 de mayo, 2017 y estará en exhibición durante un mes.
Contenido de la muestra:
-En el km 118 de la Panamericana Sur se encuentran los restos de la Riviera Francesa y de la Italiana: el proyecto caído de un condominio lujoso frente al mar que hoy es un pueblo fantasma hecho escombros, luego del terremoto de Pisco del 2007.
-Santa Elisa, situado en el corazón del Centro de Lima, que en los años 60’s fue la primera Cooperativa de ahorros y la más importante de Latinoamérica, cayó en la miseria y en la marginalidad luego de la crisis económica de los 80`s.
Contenido de la artista:
La artista egresada de Corriente Alterna, se graduó primer puesto de su grupo en el Centro de la Imagen en el 2015, y ha ganado distintos premios internacionales como el Concurso fotográfico de Género y Diversidad sexual por los derechos de todos, organizado por el Museo de las Mujeres en Costa Rica, y el Visionado de Portafolios Transatlántica Photo España, en Chile. También es parte de la colección Ojo Andino, de Luciano Benetton.
Bracamonte en el 2014 tuvo su primera muestra individual, curada por el distinguido crítico de arte Jorge Villacorta, en la II Bienal de Fotografía de Lima, en el Centro Cultural España. Recientemente ha participado en múltiples exposiciones como Photo Dubai (marzo 2016), Transgrediendo Códigos, Alianza Francesa (septiembre 2016), Convivencias Fragmentadas, Centro Cultural de la Universidad de Lima (noviembre 2016), entre otras.
Curadora de la muestra: Susana Torres
LA ETERNIDAD ES UN INSTANTE
La ciudad transformista
El concepto de lugar, según algunos diccionarios, remite también a un sitio ocupado. O lo que puede ser ocupado por cualquiera. El espacio que se define por su apropiación.
A veces el sujeto de esa apropiación es la sola mirada. O su registro. Así lo sugiere la expansiva labor fotográfica de Teresa Bracamonte. Una presencia aún nueva en la escena limeña, aunque ya reconocida por sus retratos de quienes hacen suyas las identidades sexuales que supuestamente les son ajenas. Incursiones en los territorios escarpados del cuerpo que se traviste. Y lucha. Incluso contra sí mismo. Las tomas así obtenidas nos hacen reflexionar, de otra manera, sobre géneros, clases, razas. Y sus construcciones superpuestas. Invadidas.
Ese logro artístico es producto de una empatía vivencial. La vinculación directa ––a veces la convivencia–– con las historias personales que la cámara absorbe y traduce en imágenes. Desde sus lugares propios, impropios, apropiados.
Contra toda apariencia, no es del todo distinta la operación que ahora Bracamonte ensaya al sorprendernos con una exposición de paisajes. O más bien espacios, siempre diversos pero análogos en su desolación. Desolados pero no deshabitados, pues el propio abandono los habita, poblándolos de marcas y de rastros. De lo que fue y de lo que vendrá.
Escombros que las invasiones tornarán cimientos. Huellas de una memoria incierta, inacabada, inquietada por el encuadre de estas fotografías. El enfoque que hace de los restos anodinos una ruina moderna. Estos paisajes son también retratos. Y la semblanza que en ellos asoma es la de la ausencia. Y sus reversiones. El negativo de presencias truncas pero preservadas, paradójicamente, por el deterioro y sus señas. Personales siempre, pero además históricas: algo de nuestro fracaso social asoma en el repertorio inagotable de construcciones inconclusas. De todo tipo, en todas partes. Desde el casco histórico de las urbes hasta la urbanización fallida de los balnearios que las circundan. Diferenciadas por su entorno, pero homologadas por sus detalles. Como en un palimpsesto: lo que se pierde y lo que se adiciona, en un solo lienzo. A veces el de las propias paredes, retratadas en su acumulación complementaria de grietas antiguas y de inscripciones nuevas.
Incluso de un perfil dibujado de la ciudad que se transforma.