Estudio realizado en América Latina analizó el desempeño de Perú en materia de control del cáncer

Lima.- El cáncer es una problemática relevante en Perú y en América Latina. En el país, según el Ministerio de Salud, los tumores son la primera causa de muerte, y en 2015 fue responsable del 19% del total de los fallecimientos. Pero, si bien hay avances, los esfuerzos realizados hasta el momento para implementar medidas para el control del cáncer produjeron resultados dispares.

Un estudio en 12 países de la región realizado por The Economist Intelligence Unit,con un grant de investigación otorgado por Roche Latinoamérica,mostró que Perú puede trabajar en la financiación y en la disponibilidad de medicamentos, radioterapia y cuidados paliativos, entre otros aspectos, para mejorar la efectividad de las políticas de control del cáncer.

La investigación “Control del cáncer, acceso y desigualdad en América Latina: una historia de luces y sombras” comparó ciertos parámetros que permiten comprender cómo se desempeña cada país en el control integral del cáncer, desde la prevención y la detección temprana hasta el tratamiento y los cuidados paliativos.

Esta técnica, conocida como benchmarking, permitió elaborar una Tabla de Puntuación de Control del Cáncer en América Latina (LACCS, por sus siglas en inglés), que compara a Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay. A su vez, el equipo deThe Economist Intelligence Unit llevó adelante 20 entrevistas en profundidad con los principales referentes del cáncer en la región (Ver Hoja de Datos Informe y Metodología).

Los hallazgos del estudio muestran que el país tiene un desempeño relativamente bueno en varios aspectos, comenzando por el Plan Esperanza, uno de los pocos Programas Nacionales Contra el Cáncer de la región.

El Plan Esperanza, implementado en 2012, cubre el tratamiento cáncer de cuello uterino, mama, colon, estómago, próstata, leucemias y linfoma. La capacitación de personal de salud en atención primaria, y el esfuerzo por descentralizar la atención, son medidas que apuntan a un control del cáncer eficaz.

La investigación de The Economist señaló también ciertos factores que pueden modificarse para mejorar el control del cáncer.

Uno de ellos es la información que se recolecta sobre tumores en el país. Estos datos se vuelcan en registros epidemiológicos, que son la materia prima para diseñar y evaluar políticas. Además, la disponibilidad de medicamentos, radioterapia y cuidados paliativos tuvieron una puntuación baja (2 puntos sobre 5).

En lo que respecta al gasto en salud, el estudio de The Economist Intelligence Unit muestra que, en Perú, la inversión pública en salud fue de 3,3% del PBI en 2014, por debajo del promedio regional de 4,6%, y lejos de la que realizan los países de ingresos altos (la media en los países de la OCDE es de 7,7%). El informe suma una perspectiva adicional vinculada con la gestión de los recursos, cuestiona cómo se gasta ese dinero, es decir, qué criterios se tienen en cuenta para tomar decisiones.

“La tabla de puntuación Latin America Cancer Control Scorecard (LACCS) muestra que varios países de la región han implementado o reforzado sus Planes Nacionales de Control del Cáncer. Sin embargo, a menudo tales planes no son lo suficientemente amplios y tienen financiación insuficiente”, afirmó Martin Koehring, editor jefe a cargo de Salud Global, Liderazgo de Reflexión, The Economist Intelligence Unit.

Y agregó que: “También se ha progresado en la introducción de registros de cáncer de base poblacional en la región, aunque persisten problemas con la calidad de datos y la cobertura. Otras áreas en las que se puede mejorar incluyen altas tasas de diagnóstico en estadio avanzado, recursos insuficientes para las necesidades vinculadas al cáncer presentes y futuras, sistemas de salud fragmentados e inequidad en el acceso a la atención”.

Los obstáculos en común con la región fueron: la fragmentación de los sistemas de salud, que en Perú continúa siendo pronunciada; la fuerte desproporción entre las áreas urbanas y rurales, y entre las zonas ricas y pobres, con recursos concentrados en las ciudades y las zonas prósperas; y la disparidad tanto en incidencia y mortalidad como en control del cáncer.