Casos de éxito de cuatro jóvenes cocineros

Lima.- Con mucha disciplina y creatividad, cumplieron el sueño de abrir el restaurante propio y ahora sus nombres son sinónimo de éxito de emprendimiento gastronómico. Moma Adrianzén (Jerónimo), Kumar Paredes (Ku.Mar), Betsi Albornoz (El Populacho) y Wilson Villar (Meriba) compartieron sus experiencias -en el II Congreso Internacional de Gastronomía que realizó Apega- y ofrecieron más de un consejo para los futuros cocineros.

Moma viajó por el mundo (de Oceanía a México) antes que la cocina peruana estuviera en boca de todos. En ese momento, la disciplina fue su principal característica y lo que lo llevó a refinar su trabajo. “Trabajaba horas extra porque quería superarme y ser mejor cocinero”, señaló. Ya de regreso, encontró un gran defecto en el rubro: la falta de profesionalismo. Por ello exhortó a los jóvenes a convertirse en gente de confianza donde sea que practiquen. “¡Hazte notar! El día que seas una pieza importante en la cocina, ve a otro restaurante para aprender más. Que se peleen por tu trabajo”, recomendó el dueño de Jerónimo, uno de los más populares de la Av. La Mar.

El caso de Kumar es distinto a los demás pues no estudió cocina. Trabajó en varios restaurantes como mozo y finalmente decidió seguir su sueño abriendo un puesto de mercado. Después de siete meses abría la cebichería que aún tiene en el Callao. Kumar Paredes compartió una serie de pasos que lo ayudaron a montar su negocio que se resumirían como: tener un sueño y creer en él, perder la vergüenza al qué dirán, respetar al público, innovar y la importancia del equipo.

Betsi Albornoz decidió abrir El Populacho, fuera del circuito tradicional, en Villa María del Triunfo. Con el terminal a unos minutos, su carta se centra en pescados y mariscos y redondeó la oferta con una apuesta diferente: cervezas artesanales. “Al inicio dudaban, pero ahora se ha abierto un mercado para ellos”, comentó. Además, decidió aportar al barrio y contrató a amas de casa para que trabajen en la cocina.

Wilson Villar llegó con todo el sabor de la Amazonía para sorprender a los asistentes con variedades de papas, coconas y ajíes poco vistas en la capital. Su consejo fue directo: “antes que nada, conozcamos nuestra cocina tradicional”. Eso fue lo que hizo al instalarse en su natal Tingo María donde abrió el restaurante Meriba. Claro, el revalorar lo ancestral y los insumos locales no excluye innovar en su cocina. De la mano de la gastronomía y el turismo, Wilson Villar pretende desarrollar su ciudad. Un ejemplo para muchos jóvenes que también desean ser exitosos fuera de Lima.

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